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Carta de Cata, presidenta de Tierra de Amani
Gracias por elegir Tierra de Amani
Esta es mi primera newsletter como presidenta de Tierra de Amani y, aunque septiembre suele ser el momento en el que os contamos cómo están nuestros niños, esta vez he decidido esperar un poco.
En octubre viajaré a Tanzania y pasaré allí dos semanas. Tendré tiempo para estar con ellos, visitar sus colegios, sus familias, sentarme a hablar, escuchar y ver con mis propios ojos cómo están todos y cada uno de nuestros niños. Así que prefiero esperar a mi vuelta y contaros entonces lo que yo misma haya visto y vivido. Información de primera mano, con sus caras, sus historias y seguramente muchas cosas que contar.
Por eso hoy no quiero hablaros de ellos.
Hoy quiero hablaros de vosotros. De nuestros padrinos y madrinas.
Este verano, con tantas causas, tantas guerras y tantas desgracias habitando el mundo al mismo tiempo, he pensado mucho en la suerte que tenemos de que, entre todas ellas, vosotros hayáis elegido Tierra de Amani.
Siempre he pensado que todos deberíamos tener una causa en la vida. Una, dos o las que cada uno escoja. Algo por lo que luchar, algo que nos importe más allá de nosotros mismos y que, de alguna manera, nos empuje a intentar ser mejores personas.
Porque creo profundamente que la solidaridad nos hace mejores.
A veces escuchamos que también en España hay pobreza. Y es cierto. La hay y no deberíamos mirar hacia otro lado. Pero aquí tenemos algo que cambia radicalmente nuestro punto de partida: acceso universal a una sanidad y a una educación públicas. Si los niños de Tanzania tuvieran garantizadas esas dos cosas, probablemente Tierra de Amani no tendría que estar allí.
También sé que hay niños que están muchísimo peor que los nuestros. Niños que viven en medio de guerras en Sudán, Tigray, Congo o Gaza. Algunas ni se mencionan en los telediarios. A veces incluso dejamos de llamarlas guerras y utilizamos palabras como «conflicto», como si un eufemismo pudiera hacerlas menos terribles.
Hay niños que crecen —y algunos mueren— trabajando en minas de coltán o de oro por menos de 1 € al día.
Son historias que, al menos a mí, me hacen cerrar los ojos fuerte durante unos segundos y tragar saliva aún más fuerte. Y cuando los vuelvo a abrir pienso: Cata, sigue con lo que haces. Intenta hacerlo cada vez mejor. Intenta llegar a un niño más. Céntrate en lo que sí puedes hacer y no en todo aquello a lo que no puedes llegar.
Porque pensar en los millones de niños que nacen sin ninguna oportunidad en la vida puede llegar a paralizarnos. Y eso es precisamente lo que no nos puede pasar: no podemos quedarnos quietos.
Un año complicado
Este año está siendo especialmente complicado para Tierra de Amani. La realidad es que, en este momento, las cuotas de nuestros padrinos y madrinas no llegan a cubrir todos los gastos mensuales de la ONG. Tenemos muchos adolescentes, cuyos gastos son mayores que los de los niños más pequeños. Además, actualmente tenemos tres jóvenes estudiando en la universidad.
Pero entonces ocurren cosas que nos recuerdan por qué merece la pena seguir.
Los que deciden dar un paso más
Como María, que aprovechó su 50 cumpleaños para ayudarnos a cubrir los gastos extraordinarios que supone que un niño como Saúl pueda llegar a la universidad.

María, celebrando su 50 cumpleaños por una causa: el futuro de Saúl.
Como Amaya, que organizó una competición de natación en Donosti para ayudarnos a reconstruir una casa en Kibosho que literalmente se caía a pedazos.

La competición solidaria de natación en Donosti, organizada por Amaya.
Como Andoni, que quiso honrar la muerte de su madre haciendo que el recuerdo y la sombra de Mari Carmen fueran todavía más grandes y llegaran hasta Moshi. Convirtiendo el dolor de una pérdida en una oportunidad para otros.

Mari Carmen y Andoni. Un recuerdo que llega hasta Moshi.
Y Ángel, del restaurante Rulo, uno de nuestros nuevos padrinos, que nos organizó un desayuno solidario para ayudarnos a pagar los uniformes de nuestros niños.

Ángel, de Cervecería Rulo, nuevo padrino de Tierra de Amani.
Y están también quienes ni siquiera son padrinos pero que ya sentimos como amigos —gracias, Gema y Carlos— y que, casi sin conocernos, decidieron que Tierra de Amani era merecedora del regalo solidario de su 30 aniversario.
Gracias
Gracias SIEMPRE a todos los que estáis ahí, mes a mes. Tierra de Amani no existiría sin vosotros. Y gracias también porque muchas veces sois vosotros quienes animáis a otros a sumarse, quienes habláis de nosotros, quienes nos escribís para presentarnos a alguien que también quiere formar parte de esta pequeña gran familia y convertir Tierra de Amani en su causa.
Cada una de estas iniciativas nos emociona. Pero, sobre todo, nos recuerda algo muy importante: Tierra de Amani no somos solo quienes estamos en la Junta o quienes trabajan cada día en Tanzania. Tierra de Amani sois también vosotros. Y todos juntos conseguimos y conseguiremos sacar a cientos de niños adelante.
Nosotros seguiremos luchando para encontrar nuevos padrinos y madrinas que crean en lo que hacemos y que quieran convertirnos en su causa.
Y quizá una de las cosas más bonitas de ser una ONG tan pequeña es precisamente esa: que aquí las causas tienen cara, tienen nombre y tienen una historia que podemos contaros. Después de más de veinte años trabajando en Tanzania, tenemos muchas.
Nuestro objetivo
Ahora nuestro objetivo es muy concreto: conseguir que las cuotas de los padrinos cubran nuestros gastos fijos, estabilizar económicamente Tierra de Amani y, desde ahí, poder seguir creciendo.
Sin grandes promesas. Poco a poco. Con responsabilidad.
Un niño más. Y después, otro.
Porque cada niño nuevo al que consigamos dar una oportunidad será una nueva historia. Una vida.
Y será nuestra causa.